3. De la fortificación califal al alcázar almohade
Al menos provisionalmente, el origen de la fortificación del Alcázar de Marchena se remonta a época califal tal y como demuestra una cita del historiador andalusí Ahmad al-Razi (s. X) y los restos de un muro conservado "por tramos" a lo largo del recorrido de la cerca principal almohade.
Esta construcción primitiva responde a un muro de tierra arcillosa encofrada sin calicastrar, con perfil ataludado, 2,70 m de espesor y una altura mínima de 6,80 m. Monta sobre una zapata que incluye un desagüe, documentado entre las Torres 1 y 6.
La importancia de este hallazgo radica en que se trata de la primera evidencia constatada arqueológicamente de un recinto anterior al de época almohade, poniendo de relieve la importancia estratégica del enclave en época medieval.




A lo largo del periodo almohade (fines del s. XII-principios del s. XIII) se llevarán a cabo una serie de intervenciones: reconstrucción de la cerca del alcázar con torres cuadrangulares y acceso en eje acodado; instalación de la barbacana conformando un doble cinturón murario; instalaciones intramuros; y construcción de la cerca de la madina hacia el sur del alcázar.



Tras sobrevivir al terremoto de 1356 y a la razia del rey nazarí Muhammad V en 1368, las viejas murallas de la villa serán sometidas en el s. XV a una importante actividad restauradora. Ésta se acometió en dos momentos bien diferenciados bajo los señoríos de Pedro Ponce de León y Haro (1430-1448) y su nieto Rodrigo Ponce de León y Núñez (1471-1492).
1430-1448
Al primero se le atribuye, gracias sobre todo a la bula otorgada por el papa Martín V en 1430, la remodelación de las puertas de Sevilla (Arco de la Rosa) y de Morón; la construcción de 5 torres de mampostería y tendencia semicilíndrica a lo largo de la cerca urbana; y el engrosamiento de las torres almohades del entorno del Parque.


1471-1492




